Oh, la inercia pecado;
la maldición de la recta y la quietud.
En la Razón no entra el mundo,
necesito el contacto que me desvíe,
camino tantenado las paredes,
esperando las enrucijadas
Y no es que el mundo sea inabarcable lo que me aflige. No, eso lo
aprendí hace rato y hasta descubrí su encanto. No, lo que me aturde es
esta sensación de que el mundo y yo bailamos a ritmos diferentes,
alejjados, disonantes.
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