Cansado de escuchar decir que la antropología estudia la Cultura o la
Alteridad, o de que se defina nuestra disciplina reduciéndola al método
etnográfico, elaboré la siguiente definición de la antropología, afirmando que
en mi opinión, es útil y conveniente postular que la antropología estudia
relaciones sociales. Es decir, que no estudiamos personas en sí, sino sus
interacciones en cuanto miembros de grupos, enmarcándolas siempre en un
contexto que sobrepasa la anécdota personal o biográfica, para pensar en las
configuraciones que preceden a esa relación, las pautas que la rigen, las
condiciones que la posibilitan y la restringen, pensando en cómo esos grupos se
relacionan con la sociedad en la que están inmersos. Poner la mirada en
relaciones o interacciones suele estar asociado a una aguda observación en el
propio espacio físico donde éstas se producen, el trabajo de campo, pero esta
no es la única técnica posible.
Tampoco me siento contenido en
una definición que sostenga que el antropólogo debe estudiar a un “Otro”
esencialmente distinto del investigador. Partiendo de la admisión de nuestra condición de subalternos, ya sea
que investiguemos entre trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres,
migrantes, desocupados, presidarios, etc. tenemos que trabajar con y para otros
subalternos para poder mostrar que estamos todos oprimidos por el mismo
sistema. Ese sistema, que con su hegemonía, es justamente el generador de la
otredad, pues a todos aquellos que, concreta o potencialmente, podamos
cuestionarlo, intenta apartarnos, tildándonos de inadaptados, utópicos , locos, peligrosos,
subdesarrollados y/o incapacitados. Es necesario documentar las
particularidades de cada situación de opresión, pero sin olvidar que lo más
importante es la condición de explotación y alienación que nos une.
Por
eso mi marco teórico epistemológico y
metodológico está abonado por elementos provenientes de las distintas ciencias
sociales. En esta heterogénea gama de inspiración, pueden encontrarse autores y
escuelas que muchas veces marcaron afinidades y continuidades, pero también intento
hacer concurrir a algunos teóricos que
en su trayectoria académica pueden haber estado enfrentados, pues muchas veces
perspectivas cuyos autores sostenían como antagónicas, en realidad estudiaban
diferentes aspectos de la sociedad, y hoy podemos utilizarnos de manera
complementaria para fortalecer un enfoque holístico. De esta manera, Marx, Gramsci, Foucault, la escuela de Frankfurt,
Thompson, Raymond Williams, Quijano y su
escuela de la colonialidad del poder se hacen presentes en mi manera de
entender la sociedad, y también, en la manera de transformarla. Para
transformar la sociedad, también sumo las propuestas analíticas y prácticas de
Lenin, Trotsky y Nahuel Moreno, entre otros líderes políticos. Estos autores,
con sus diferenciaciones entre Estados,
regímenes y gobiernos; sus análisis de las relaciones políticas
internacionales (cercano a lo que hoy
llamaríamos geopolítica) o entre instituciones, dirigentes y acciones de masas;
pueden ser reapropiados para contribuir a la visualización de la agencia (es
decir, las acciones de determinadas personas) al momento de analizar fenómenos
globales.
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